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Inadvertidamente

Busco Abro cajones Puertas Escarbo Incansablemente Desesperado Soplo la capa de polvo Que cubre el mar Rasguño los vacíos Muerdo el espacio Entre estas raíces Y Alfa Centauri Y entonces rehuyo Lo niego Mientras lo siento latir en la oscuridad De mi propio puño O detrás de mis dientes O en una música Bailando en mis oídos Como si me calcinara la palma Me deshago Esquivo Cierro el cajón Mi juego es abandonar La singularidad Cuanto antes No vaya a ser Que me descubra a mí mismo Inadvertidamente Siendo feliz

Flaca dos puntos (Rev. 2026)

Hoy desperté y te vi. Estabas a mi lado, metida y enredada en las sábanas de alguna cama de alguna habitación de algún hotel de algunas pocas estrellas aquí en Barcelona. Estabas llena de ojos (cerrados, claro. Era bastante temprano, cerca de las siete – se me ocurre – y vaya alguien a entrometerse e interrumpir el cauce sempiterno de tu sueño sagrado), llena de movimientos bruscos en las cejas, llena de flores en la cabeza y de peces simpáticos que te debían de estar haciendo cosquillas en la panza porque tenías una sonrisa espeluznantemente contenta en la cara. Yo te miré y me acordé de pronto de Rulfo y de Cortázar, de algunos (digamos) poemas que, de haberme sentido un poco más despierto, te hubiese susurrado al oído. El tufo matutino, siempre tan puntual (de esos que aparecen apenas abrís los ojos) y tan como gris o azul (o alguna mezcla de colores de nombres imposibles), me impidió hacerlo y darte tal vez algún beso tranquilo en la frente o en la barbilla donde tenés ese lunarcit...

López (Rev. 2026)

Luego de dudar un segundo, López por fin se decidió a cruzar la calle. Era una noche fría, si bien soportable. “Han habido días morbosamente peores”, le había comentado a una colega en la mañana, conversaciones de ascensor, diálogos universalmente aceptados. Algo le había respondido la mujer, a quien ya se le asomaban las raíces de un cabello falto de tintura, pero no pudo recordar qué había sido. No es que fuera importante tampoco, pero, en fin. Cuando llegó al otro extremo de la calle, se dio cuenta de que era absurdo que estuviera recordando una conversación tan nimia mientras cruzaba la calle. Luego se aterrorizó al darse cuenta de que, además, no recordaba haber prestado atención al tráfico antes de cruzar. “Podría haber muerto”, dijo en voz alta, pensativo. La verdad era que poco importaba, considerando que lo realmente importante debía ser la razón por la que había cruzado. Sentía una puntada en el costado, le costaba respirar, pero lo hacía con agrado. Le gustaba que el aire es...

Mapamundi (Rev. 2026)

Al cabo de febriles semanas de angustia, Buñuelo pudo por fin encontrar algún semblante de paz: había logrado dominar por fin, y con deliciosa destreza cirujana, un movimiento tan absurdo como fatal. Apostado frente al espejo de cuerpo entero, vestido con nada más que un par de calzoncillos desteñidos y roídos por el uso repetitivo, se observaba a sí mismo con cautela agresiva, como si intentara, con sus ojos, abrir la carne del Bueñuelo del reflejo.  Su cuerpo era un mapa de violáceos continentes dispuestos de forma irregular. Magro, como devastado por la inanición prolongada, sus huesos se dibujaban grotescamente bajo su piel, estirándola en las coyunturas hasta trazar imágenes que alguna espeluznante similutd compartían con el aire de desasogiego que debieron de sentir cada noche los humanos de las cavernas de Altamira, atribulados en el alma por el eco de las pesadillas generacionales y la inminencia de la muerte. Buñuelo, corrompido en la dermis y el hipotálamo, hundió la mano...

In the next 300 metres, turn right. Or left.

Y entonces me siento  obsecado anulado en la bifurcación de una avenida atroz Lánguido y apabullado y susceptible  de acabar abyecto en los quiebres de las veredas Y un hedor de sangre  estalla con una voz solemne Señálame con insistencia que cuánto anhelo ha huido despavorido  porque no sé  no conozco (des)conozco cómo rasgar este papel de idiota enamorado ni que me consuma con ardor  la absurda desolación de no ser percibido más o de no más ser percibido Porque aquello necesita Requiere Demanda (inevitablemente) abandonar las calles por las que  tu cuerpo  arrasó con la cordura Y entonces me siento Obsecado  Obnubilado Oblicuo entre aniquilar tu rostro con el ruido incoherente  de algunas palabras rehenes o fulminar mi alma con el vidrio quebrado en que hace unos momentos  reposaba con una inocencia  falsa la tierna tormenta carmesí  

A Pablo Fierro

Entré al reloj cucú, siguiéndote, y encontré la nostalgia de los humanos que viven y le temen al olvido. En algún libro, en alguna grie_ta, bajo la blanda amenaza de las telarañas, nuestras muertes se niegan a despertar.