9.19.2013

La Tere y yo

Foto por David
Felipe me pregunta por qué ando tan ido.

¿Por qué andái tan ido, huevón?, me dice. Y yo sé que lo escucho, sé que me está preguntando por qué ando tan en otra parte, pero al mismo tiempo no sé lo que me dice, no entiendo nada y al final su voz es como de otro color o algo así. Yo creo que estoy así porque anoche no dormí bien y porque, además, todas las noches no he dormido bien. Es lo que creo, pero no sé en realidad. Me da la impresión que está todo borroso, pero esa impresión es como falsa, es como si otra cosa u otra persona está sintiendo esta impresión por mí. No siento que sea yo quien está realmente siendo yo. Es difícil saberlo, sobre todo porque no siento que sepa algo. No ahora, al menos. No ahora.

¿Por qué andai tan raro, huevón, oh?

Yo lo miro a Felipe y al papel quemándose en su mano y no está ahí. Es decir, lo veo o algo así, pero supongo que si no estuviese tendría miedo. Si me preguntaran por qué estoy aquí o cómo, siempre y cuando obviamente no sea Felipe quien me pregunte, no creo que sabría responder. Trato de pensar, realmente, cómo es que estoy aquí. ¿Fue por culpa de la Tere? ¿Fue ella, acaso?

Quizá sí, quizá no, pero definitivamente sí, tal vez, no sé, no creo...

Felipe trata de decirme otra cosa, pero ya está muy lejos de aquí y yo estoy muy lejos de él como para procesar o como para que me importe. Yo estoy en la cama de la Tere, tratando de sacarme la camisa que ya me queda un poco apretada, estoy gordo, pero en realidad estoy antes de eso, años antes de eso. Estoy en el colegio, y a mi lado, inseparable, está Felipe que es como mi hermano chico. Estamos viendo a la Tere subir las escaleras mientras nos hacemos los huevones y disimulamos no verle el culo debajo de la faldita. No sé a Felipe, pero a mí la sangre me empieza a golpetear la sien. Y ese mismo dia más tarde estoy con Felipe en su casa, estamos solos viendo una porno que le sacó a su viejo de su colección y nos estamos haciendo una paja cada uno, pero yo pienso en la Tere. Hace calor; el verano es implacable y rojo. Estoy en otra noche en mi pieza, masturbándome, repasando incansablemente la imagen del calzón rosa y diminuto perdido entre las nalgas de la Tere que vi ese día. Estoy perdidamente enamorado de la Tere y la manera de decírcelo es azotándome como condenado debajo de las sábanas hasta que mi madre entra en la habitación y me encuentra haciéndole el amor a la Tere y tengo que esconderme , con un calor violento en el rostro, mordiéndome el labio hasta saborear mi propia sangre caliente, mientras escucho el portazo, mi madre alejándose sin decir un sonido. Estoy un par de años después de eso, estoy en un café leyendo algún diario, sorbiendo de una taza a medias, hasta que aparece la Tere, de la nada, y estúpidamente la invito a unirse, ella acepta y un par de meses después, luego de una seguidilla inverosímil de sucesos fácilmente catalogables de predeterminados, luego de preguntarme un millón y medio de veces cómo es que todo sucedió de la manera en que sucedió, estoy en la cama de la Tere, semi desnudo, expectante, escéptico, con el cuerpo caliente y pulsante, una herida a punto de ser sufrida, un azote de sangre galopante. Estoy unas horas antes, en un bar, la Tere dice cosas, dice que sabía que la espiábamos con Felipe y que elegía los calzones más pequeños, dice que yo le gustaba más que Felipe en el colegio, dice que no me lo dijo porque qué escándalo estar enamorado de alguien más chico y de su amigo, dice un número increíble de burradas más, ebria hasta la médula. Me dice que vayamos a su casa, pero ya estoy ahí. No hay cortejo, no hay seducción. Hay un arrancar iracundo de ropa, hay un resoplar brusco, un degollarse por dentro con las lenguas y una mano que se escabulle por debajo de la camisa y se clava en mi espalda cortando la carne, hay una boca macabra, un hálito a muerte. Estoy en su cama, tratando de romper la camisa y veo a una mujer interminable y absurda, camina a tropiezos y cae sobre mí. Con torpeza me pone un dedo en la boca y se encaja perfectamente en el lugar donde muchas veces la amé con rabia y lágrimas. Es burdo y lamentable, el amor inexistente es burdo y lamentable. Se mueve con movimientos aprendidos, murmulla frases de microondas, se toca siguiendo un manual de instrucciones y todo es igual hasta el momento en que sus ojos se pierden y de su boca brota un gemido de placer mesurado que se transforma en un aullido gutural y que finalmente se convierte en el vómito más puro. La Tere me baña con sus calientes jugos estomacales disparados con fuerza desmedida y siento en mi boca el sabor metálico de sus intestinos alcoholizados. Escucho que alcanza a murmurar una disculpa antes de caer rendida junto a mi cuerpo sucio.

Felipe dice alguna cosa y yo siento que empiezo a entender por qué estoy como en otro lado. Una epifanía, algo así. Lo miro y sé que él tampoco está aquí. Me aprovecho de su situación y, en un par de segundos, me inclino sobre él, firme y completamente resuelto, y lo beso con rabia, lo muerdo en el labio hasta que siento su sangre caliente. "Qué escándalo estar enamorado de alguien más chico y de su amigo". Felipe no dice nada y yo estoy un poco feliz. Siento como si tuviera un pequeño arroyo amarillo recorriéndome el cuerpo, un riachuelo antiguo que se desborda. Le arrebato el papel y aspiro profundamente. Cierro los ojos con una sonrisa.

2 comentarios:

paula navarro dijo...

conchemimare. I´m in shock ( a good one)

Anónimo dijo...

Cada vez que compartes algo, a ciencia cierta (suponiendo que la ciencia sepa de certezas) que no me arrepentiré de dedicar tiempo de lectura y envidias intestinas a tu manera de mirar.
Excelente, puntonegrologosjodido. Sigues siendo mi favorito.
MILITA