2.01.2012

Reflexiones espontáneas sobre arte, pianos y cigarros durante una conversación en una noche perdida de Inglaterra


Fuente: Flickr
El problema se da cuando tocas. Si de a poco te vas transformando en una tecla, o si sientes que de a poco todas las cosas se transformaron en pájaros negros y amarillos, o si de repente un pedazo de pan (marraqueta, por lo general) empieza a bailar, quiere decir que estás fumando un cigarro.

¿El piano? No, no es retorcido. Los que lo tocan sí. El piano provoca ese efecto. Es un cigarro enorme.

¿Al piano? No. El piano no te pertenece. No es algo que nombres. Es una cosa aparte. Un brazo que te extirparon. Nunca más es tuyo. No puedes nombrarlo.

No, no es una extensión de tu cuerpo, como crees tú. Si fuera así, echarías a perder la música. La música con inspiración (en el caso de “la extensión de cuerpo”) no es nada. Necesitas frialdad para tocarlo. Una frialdad tan caliente que te derrita hasta el tuétano. Y la frialdad se da desde fuera. Cuando el piano es tu vida, tú mueres por el piano pero no te pertenece. Al final es el piano el que te toca a ti y no al contrario.

Cuando te das cuenta que el mundo no es para nada en blanco y negro, entonces empiezas a perder la fe como yo. El piano me ayudó en el proceso. El arte, Javito, es una mierda. Pero es tan espectacular. Yo estoy embetunado en mierda. Huelo a mierda.

No, hueón, esto es un circulo de mierda (o de arte... las analogías dan para todo). Después andas hablando huevadas todo el día, mirando las cosas como con resentimiento, con desconfianza. De pronto, un día, te das cuenta que cambiaron el picaporte de la puerta y cagas.

Una hueá que me vino a la cabeza. Picasso dijo que el arte era peligroso. La cosa es que estas cosas yo las sé, las he pensado hace bastante tiempo pero nunca las puedo decir. Al menos no cuando estoy bien. Es en estos momentos, cuando andas pal pico, cuando se te caen los hombros y tienes que andar con ellos a la rastra. Es sólo cuando tocaste el fondo cuando puedes llegar a unir varias palabras para poder darle un sentido a todo eso que sientes por el arte. Hay que sufrir. Esa es la clave. Si quieres tocar como con una extensión de tu brazo (el bajo, en tu caso) tienes que sufrir. Como si te sacaras el brazo para tocar. Yo ya sufro por el hecho de que el piano no me pertenece (aunque debería).

Mira la sarta de hueás que hablo. No me escuches, hueón. Estoy un poco loco.




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Bonus Track Opcional: Le dejo un enlace hacia un video que, sin querer, explica bastante mejor lo que acaba de leer. Piche aquí.

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